Edgar Queipo: “Llegué a la pintura por la historia”

Por: Yarleny Añez

Entre héroes y los que ponen el pechito.el artista Queipo

 Su espada es el pincel, la revolución ocupa su alma, y en el combate social admira a los que ponen diariamente el “pechito” para defender la libertad humana.

           El Faro Navegante que guía la obra del artista plástico zuliano Edgar Queipo está relacionado con la estética visual de esa nueva figuración que se impuso en el arte del siglo XX, pero también con el sentir humano, la lucha de clases, los héroes latinoamericanos como Bolívar, Che Guevara, Hidalgo, Zapata, Miranda, entre otros, quienes abrieron el camino hacia la libertad de los pueblos.

Obra Queipo

            Antes de 1960 el mundode las artes plásticas se dividía entre el abstraccionismo y figurativismo; ambas corrientes representaban un extremo de la realidad, una la copiaba sin darle cabida a la inventiva, la otra alteraba por completo percepción del mundo y lo real, es entonces cuando surge el movimiento de la nueva figuración, donde personajes reales de líneas audaces  son armonizados en escenarios lúdicos que propone la imaginación.

          En  conversación exclusiva para Todosadentro, Edgar Queipo abre las puertas de su taller y nos permitió entrar en sus más íntimos pensamientos:

-¿Cuánto tiempo llevas en éste andar de las artes plásticas?.

-Como 35 años. Desde que me inicié en la pintura no he parado, estuve trabajando para la universidad del Zulia, pero renuncié para dedicarme de lleno al arte. La pintura, mi familia y la revolución son mi vida.

-Cómo surge tu inquietud por las artes, quién te motivó o encaminó en ella?.

-Entré a la Escuela de Arte Neptalí Rincón  por iniciativa propia a finales de 1969 o principios de los setenta, con la idea de aprender más sobre la historia, los griegos, los egipcios, etc. Allí comencé a dibujar, a pintar y me gustó; también contribuyó que conocí a un grupo de estudiantes que me motivaron, eran los años de “Las Fresas de la Amargura”, el mayo Frances, la revolución cubana, mil canciones por la paz, era la época de los jóvenes; pero en definitiva yo llegué a la pintura motivado por la historia del arte, que siempre me ha cautivado.

-¿Estudiaste otra cosa distinta a la pintura?

-Estudié topografía en un instituto, porque mi mamá me lo impuso, para ella los artista se morían de hambre como el maestro Reverón, decía que yo tenía que buscarme otra profesión y tener el arte como un entretenimiento, pero yo salía del instituto y me iba con mi regla T corriendo a la Neptalí, hasta que boté la regla T y me quede con la pintura, (risas).

-Cuando niño o adolescente diste señales de que lo tuyo eran las artes plásticas o fue una sorpresa para ti y tu familia el gran talento que tienes?

-Fue realmente una sorpresa, antes de los 18 y 19 años sólo había demostrado una sensibilidad hacía las ciencias humanas, era contemplativo, me afectaban mucho las cosas, la gente, pero no dibujaba.

-¿Qué técnica usas, qué materiales prefieres y porqué?

-La técnica que más uso es la pintura, también el dibujo a fuerza de querer. He aprendido entre sudor y lágrimas a dibujar la mano que para mí es lo más difícil de hacer; pero con el color yo no tengo ningún problema, tengo mucha facilidad para crear figuras directamente con el color. En los materiales sigo prefiriendo el óleo por ser muy noble, se deja moldear y plastificar,  también manejo el acrílico, la tinta china, el paste sobre papel, sobre fique y otros materiales.

Obra Queipo 01

La lucha social.

Edgar Queipo se define como un luchador social, ha combatido en la izquierda política venezolana desde aquellos dolorosos años de la clandestinidad, hasta estos intrépidos años de la revolución Bolivariana, Llegó a organizar una exposición en la cárcel de Sabaneta, perteneció al contestatario grupo Guillo, se ha paseado por el cooperativismo cultural y  espera seguir contribuyendo con la humanidad más allá de sus aportes a la creación plástica.

El trabajo más apreciado del artista es la serie titulada “Entre Héroes y los que ponen el pechito”, donde recrea el rostro de los grandes patriotas latinoamericanos.

Nota: éste artículo fue publicado por el semanario nacional Todosadentro, el sábado 7 de octubre de 2006, pág. 4.

obra Queipo 02

Después de la publicación de éste artículo el artista ha realizado 3 importantes y destacadas exposiciones individuales como los son Mixturas del puerto, realizada en el Centro de Arte Lía Bermúdez de Maracaibo,  la mostrada en el 2012 en la sala “Sergio Antillano” del teatro Baralt, en homenaje al arquitecto Hoët y la más reciente aún en exhibición: Memorias de Orilla y Mene, en Pdvsa La Estancia,  ha multiplicado cuantiosamente su obra la cual mantiene en constante evolución, sus aportes a las exposiciones colectivas son diversas y abundantes, al igual que mantiene un trabajo y lucha social sostenido.

Recibió la orden al Mérito por el Gobierno Regional del Zulia 2013

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Ender Colina, artífice de la Fuga Polícroma

Publicado en el semanario zuliano INFORME, en Maracaibo del 8 al 14 de Julio de 2005, Pág. 23.

Por: Yarleny Añez

En el taller de arte “La Pita” se hace más que pintar. Sucedió un 7 de julio de 1985. La vida concebida a través del color.Ender Colina

      Ender Colina más que pintor es un personaje que vuela y siente a través del color. Su taller la pita ubicado en la tradicional calle Carabobo de Maracaibo es refugio para la naturaleza y la creación, donde el artista va construyendo el perfil profesional que le caracteriza desde hace ya más de veinte años.

          El arte es su camino, el que transita al andar; de niño le decía a su mamá que le dejara a él la pintada de la casa, determinando con ello su destino, el cuál lo convertiría años más tarde en el  artífice de la “Fuga Polícroma”, como se denominó su primera exposición individual el 7 de julio de 1985, época en la que Colina alternaba su formación artística trabajando como chef de un pequeño restaurante donde hacía gala de su arte culinario.

        La Fuga Polícroma se llevó a cabo en la Galería de Arte de la Universidad del Zulia, la conformaban más de 20 obras entre dibujos y pinturas, y 12 juguetes artísticos como la picúa, petacas, flochitos, fugas, cajones y petacones, los cuales representaban el valor más innovador dentro del planteamiento plástico que ese joven pintor traía, tardó un año en preparar la muestra y con mucho esfuerzo se la autofinanció; fue una propuesta multidisciplinaría en donde Ender convocó a varios de sus amigos poetas, escritores y pintores para así poder compartir junto al público, distintos valores creativos, al igual que nutrió el marco de la exposición con un taller infantil sobre la fabricación del arraigado juguete.

         El periodista Alexis Blanco en una nota de prensa hecha para el diario Panorama en ocasión de la inauguración de dicha exposición dice, “Colina intentará redimensionar la estética de uno de los más tradicionales juegos populares, (…) donde se propone tratar el papagayo, a través de su artesanía, su función lúdica como juguete y desde el punto de vista que le concibe como auténtica obra de arte”.

        A la reseña periodística se sumó el desaparecido diario “Critica, con una que catalogaba al pintor como un joven que se dedicaba con pasión a la confección de petacas y papagayos como objeto de arte y artesanía. En el mismo diario días después el periodista Víctor Graterol reflexiona y señala el vínculo cultural de un pintor nacido en la colorida barriada popular de Santa Lucía, y los colores fuertes que utiliza Colina en la fabricación de las obras.obra de Ender Colina

 

Antes de la Fuga

 

Colina ubica su primera obra formal entre 1979 y 1980, pero ya en la universidad cuando era apenas un estudiante de sociología y el arte sólo parte de su destino, hace gala de su talento natural con el color, pintando murales y diagramando periódicos para el partido político MAS.

        Pintó batís, banderines, pancartas, puertas, murales, diseñó sudaderas, según él mismo cuenta, hasta el pelo de los “panas” llegó a pintar, todo bajo la única óptica con la que era capaz de concebir la vida: a través del color, su particular espectro de luz.

        “Imaginación contra dinero” fue un movimiento al que perteneció en su transcurrir por la universidad del Zulia, donde aprendió a trabajar con algunos materiales plásticos, conoció a grandes artistas que conceptualizaban la línea gráfica del MAS, como Zapata, Régulo Pérez y Jacobo Borges, cuyas enseñanzas aplicaría no sólo para la realización de los trabajos propagandísticos que juntos planificaban y descubrían como eficaces, al tomar las paredes y esquinas de Venezuela, sino que servían de estímulo para su verdadera vocación: El Arte.

 

        Pronto se da cuenta que su capacidad humana, su camino, aspiraciones de vida y justicia, en las que siempre creyó, no se canalizan en los partidos políticos y decide a través de la cultura proponer y realizar en la ciudad lo que no podía hacer con la política; como lo comenta en una entrevista concebida a Evaristo Pérez para la revista PETROLEUM en 1991.

 

        Después de entregarle el título de sociólogo a sus padres se inscribe en la escuela de Arte Neptalí Rincón donde conoce a quien será su maestro en el mundo de la plástica constructivista, el pintor Pedro Piña.  

Desde entonces

      Su obra ha recorrido parte del mundo llegando a exhibirse en importantes galerías de Colombia, Cuba, Estados Unidos, Alemania y Panamá, entre muchos otros países; en Venezuela ha participado en múltiples exposiciones colectivas e individuales, cultivando con tesón el lugar de honor que ocupa actualmente en el movimiento plástico zuliano.

        Su amigo, el periodista Alexis Blanco dice sentirse satisfecho de la madurez artística alcanzada por Ender veinte años después de su primera exposición, se sorprende complacido ante el arista que ha resuelto el riesgo estético que asumió; en las nuevas propuestas del pintor consigue que éste es formidable y sorprendente en el dibujo por su trazo y grafía personal, con su propio lenguaje y discurso plástico, “que cada vez va más allá del bien y del mal”, concluyó diciendo.

         Su pasión por la política y los ideales que siempre ha seguido, hoy en día consiguen representación en el presidente venezolano Hugo Chávez Fías. La practica de sus convicciones intrínsecas, es la consumación de los valores sociales que siempre antepuso a los propios individuales, en búsqueda de ese compuesto inseparable de materia y espíritu.

           Sus necesidades fisiológicas de comer, vestir, habitar y cohabitar, se empequeñecen ante sus necesidades espirituales de conocer, reflexionar, decidir-participar, solidarizarse o simplemente buscar la función estética de la vida.

            Hoy en día se puede disfrutar de un Colina organizado en su propio espacio y tiempo, con un horizonte claro dentro de la búsqueda pictórica que mantiene y sustenta con un trabajo disciplinado. Dice creer que sin pintar ya no podría vivir.

        Su obra de fuerte rasgos constructivista ha evolucionando a un punto donde se separa del academicismo y estructuras preconcebidas en el arte para proponer creando nuevas formas, a veces envueltas en grafismos e historias de línea ingenua. 

 

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Recordando a Hung…El maravilloso hijo del Dios Arte

Dibujos de Hung

Dibujos de Hung

Un dibujante inagotable. Cambió la referencia plástica venezolana. 42 exposiciones individuales lo respaldan.

La nostalgia por Francisco (Paco) Hung, entre los amantes del arte es para siempre, en Maracaibo él es referencia obligatoria de la creación plástica; el viernes 6 de Abril del 2001 la muerte lo alcanzó, pero su espíritu y genialidad aún cuelgan en las paredes de las galerías que se niegan a olvidarle, su particular sepelio resulta un recuerdo imborrable para quienes lo acompañaron en el último adios, obedeciendo su voluntad, fue velado en las instalaciones de su taller/galería, allí la orquesta sinfónica del Zulia, dirigida por el profesor Havid Sánchez, entonó las notas de Mozart, (músico que siempre lo obsesionó), mientras una coral cantaba.

Para suerte de sus seguidores deja un legado de obras muy amplio, Hung nunca cesaba de pintar y dibujar, siempre cargaba una plumilla con él, cualquier soporte le era útil, se servía tanto de una servilleta como de una hoja de papel bond o un buen papel Fabriano para dibujar, hasta el mantel de un bar era ideal soporte para demostrar el diestro dibujante que fue, cuatro años después de su muestre y aún su familia no ha podido terminar de cuantificar y clasificar, los lienzos y dibujos que abrumadoramente existen para el deleite de todos.

Cuenta el artista plástico Ender Colina, quien posee lo que él llama “el manto sagrado de Hung”, que éste fue a visitarle  su taller en compañía del pintor Juan Mendoza pero al  no encontrarle se fueron al bar de la esquina llamado “Palmarejo”. Allí Hung saco su pluma y se puso a dibujar sobre la tela del mantel, luego de unas cuantas cervezas se fueron, a los pocos minutos Colina entra en el bar y consigue a la dueña del local peleando porque un chino le había rayado todo el mantel y le ordena a la muchacha de las mesas que lo quite e intente desmancharlo, Ender se da cuenta que es el dibujo del maestro y trata de negociarlo, y la dueña termina regalándoselo; así sobrevive el hermoso dibujo de un hombre sentado a la mesa, es el autorretrato que Hung se hizo en aquél lugar.

Su estilo ha generado una nueva escuela en el arte venezolano, su obra representa un trazo divisorio entre el arte de los 70 y la vanguardia del arte nacional, rompiendo con los esquemas tradicionales del pigmento y la plástica, enarbolando un abandera de color que hasta ese momento no tenía punto de referencia ni comparación en el arte Latinoamericano.

Trayectoria   

El maestro Francisco Hung nació el 16 de junio de 1937 en Kow-Chaw, Cantón China, vivió y se cultivó en Venezuela, a los trece años ya era parte de la tierra que lo vería morir, su Maracaibo querido, allí estudió en la Escuela de Artes Plásticas Julio Árraga entre 1956 y 1958, poco después obtuvo una beca por el Consejo Municipal  de Maracaibo y se fue a Paris, donde estudió en la

Escuela Superior de Bellas Artes hasta 1962 que regresa a Venezuela y comienza a cultivar una misteriosa relación entre él, la plástica y su público quien aún lo suspira.

Realizó 42 exposiciones individuales, una heroica hazaña para todo artista plástico,. Y que decir de las muchas colectivas en las que participó desde 1957, en países como Venezuela, Chile, Perú, Francia, Brasil, Colombia, Argentina, Alemania y Estados Unidos, entre otros. Recibió 18 importantes premios y condecoraciones que van más allá de las fronteras venezolanas, entre las que figuran en 1965 el premio Felisa Lenier en la VIII Bienal de Sao Paulo-Brasil y una mención honorífica en la   III Bienal de Paris en 1963, los venezolanos le dieron en 1965 el máximo galardón, fue el premio Nacional de Pintura, éste extraordinario creador a los 19 años realizó su primera exposición individual, como señal de la activa trayectoria artística que tendría.

Tuvo una época de dibujos y pinturas figurativas en donde predominaba el cuerpo humano junto a vegetales, animales y frutas, las cuales combinaba con manchas espesas de color que proponía de fondo, pero su verdadero reconocimiento y fama llega con “Materias Flotantes”, en donde Hung propone una nueva forma de percibir el arte y el color, en trazos libres que desplaza de un lado a otro del lienzo, sin demarcaciones estructurales, en un espacio informal que redimensiona la estética visual.

Supo ganarse con trabajo y constancia el respeto  de todos los críticos de arte que han estudiado su obra, el reconocido periodista  Juan Calzadilla escribió una vez, “Hung supo encontrar en el gesto, eso que la pintura venezolana no había logrado aún”, el curador zuliano Carlos Sánchez señaló a Hung como el Chino-Maracucho, capaz de darle utilidad a cualquier materia. El profesor Ángel Lombardi lo describía como el filósofo del color y la forma, decía que Hung había nacido dos veces, en China y en Maracaibo; para el semiólogo y catedrático Víctor Fuenmayor el “revuelo” causado     por las pinturas de Hung se deben a la fuerza y energía de sus trazos.

Una visón cercana

Cuenta su esposa, la señora Maite de Hung, que el maestro leía muchísimo, como libro de cabecera siempre tenía “Las mil y una Noche”, hablaba español, ingles, francés, chino y un poco de alemán, hacía Karate y Tai Shí, su ritual comenzaba a las cuatro de la mañana cuando subía al taller, allí le pedía permiso a la tela para empezar a pintar, dice, “le molestaba la mentira, la deshonestidad,  el doble juego y la injusticia, sólo era un ser humilde que nunca se creyó el mejor pintor del mundo”.

Comenta que Hung llegó a glutinar las dos nacionalidades perfectamente, hasta se inventaba un nombre y se ponía hablar “maracucho” con los vecinos; pero al mismo tiempo era muy chino y esa enorme carga cultural es la que proyectó en su obra. Lo define como un enamorado de Maracaibo, dice que a pesar de haber vivido en Paris, Nueva York y otras ciudades del mundo, al momento de sentar una base se inclinaba por la ciudad del sol ardiente, por la luz de Maracaibo que lo atrapaba, analiza como la obra de Hung no era la misma cuando estaba en otra parte del mundo, que existen cambios notables en el color.

Entre sus lineas

En 1998 dejó escrito lo que se podría llamar la máxima de Francisco Hung, en cuyas líneas se vislumbra la musa que envolvía su alma, la nobleza de su pensamiento explica el sentir que transmite su obra, dijo, “Cuando estoy arriba, en el taller, uso la imaginación y pinto una idea, cuando bajo, pinto una circunstancia y dejo descansar la imaginación por unas horas, La imaginación surge de tu inteligencia y cultura y la desarrollas reposadamente. Ahí reside tu libertad y virtud de crear”.

En otro particular texto explica su visión del arte y del artista, escribió, “En los tiempos de las cavernas, los hombres tenían que ir a cazar dinosaurios y brontosaurios para comer,  El que tenía nociones y facultades para pintar se quedaba en su caverna a dibujar y a tallar las paredes, así se evitaba de ser un buen bocado para el brontosaurio, ¡que ventaje es quedarse en su casa!

En los tiempos actuales, no se ha variado mucho; los que no saben pintar tienden a estar sometidos a un corre-corre, a cumplir sus funciones y tareas atendiendo un horario, soportando los insultos y el riesgo de mezclarse con la fauna de la ciudad para llegar a su “caverna” con comida.

¡Que ventaja es ser un artista!  Y ¿Qué es el Arte?; el arte es transmitir emociones y apasionarse, es el alimento del espíritu. ¡Si vuelvo a nacer, seré pintor otra vez!”

 

Publicado en el Semanario zuliano “INFORME”, Maracaibo del 5 al 11 de Agosto de 2005 Pág. 26,  y en el Semanario Nacional del Ministerio del Poder Popular para la Cultura “Todos Adentro” el sábado 5 de Agosto de 2006, Pág. 7

 

 

 

 

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GABRIEL BRACHO: El ángel del pueblo venezolano

Por: Yarleny Añez

Maestro del muralismo venezolano. Su visión de América recuerda el ideal de Bolívar. Más que historiador fue un visionario.

Bolívar

Bolívar

En un momento histórico para el mundo cuando las mayorías eran sometidas al atropello y la tiranía, de aquéllos cuyo pié oprimía las espaldas de miles de trabajadores que luchaban por sobrevivir a un sistema que los demolía a fuerza de puro trabajo y golpe, surge en Latinoamérica un movimiento pictórico llamado “Muralismo”, que hace frente a la arbitrariedad con brocha y pincel en mano.

En Venezuela la vanguardia de éste movimiento lo encabeza Gabriel Bracho, quien había aprendido en carne propia a cuesta de su exilio en México el valor de la lucha social y del arte al servicio del pueblo; su lucha por la dignidad, la heredó de Bolívar quien era su único guía y sustento ideológico.

Gabriel es nuestro ángel venezolano, él plasmó en su obra el realismo social que lo rodeaba y perturbaba, su tenacidad lo ayudó a enfrentar un cáncer que lo consumiría durante 17 años, en cuyo tiempo nunca dejó de pintar, su modo particular de pensar y actuar fueron garantía de permanencia y resistencia histórica, más allá de la propia muerte.

Su compromiso de conciencia social los antepuso siempre a cualquier beneficio personal, su planteamiento humano era el planteamiento del pintor, su búsqueda estética subyacía a su gusto político-social; o como él  mismo  lo dijo una vez, “yo no pinto ni creo al servicio del buen gusto, sino de mi gusto que debería ser el gusto de todos, de conocer la vida, cómo se forma el país que insurge a raíz de la aparición del petróleo”.

A orillas del lago

Nació el 25 de mayo de 1915, en un pueblo a orillas del lago de Maracaibo, llamado Los Puertos de Altagracia, su humilde familia vivía en una casa de enea y caña brava, a pocos metros de la playa, aguas en donde Gabriel solía bañar sus ilusiones de niño rebelde, jugando con sus amigos de infancia al trompo, al volantín y otros juegos populares, siempre le gustó pintar, dibujaba sobre un pedazo de corcho con ayuda de un trozo de carbón las escenas que veía en la calle.

Cuando apenas contaba con diez años de edad ya pintaba por primera vez a Bolívar, a quien siempre plasmó en murales, vitrales y óleos. Bracho era reconocido como un pintor social de todo el ámbito Latinoamericano, con un realismo cargado de poesía crítica; la cultura popular y el proletariado se encuentran como un tema recurrente en su obra.

Bien lo dice Alexander Mosquera en un catálogo editado por Pequivén en homenaje a personajes ilustres, “el pintor zuliano de renombre internacional que nunca a podido desligar su acción profesional, de lo que en el pasado significó el reventón del primer pozo petrolero en Venezuela, el inmediato establecimiento de empresas transnacionales (…), el proceso de transculturación que se empezó a operar entre sus coterráneos, la pérdida de las costumbres y de la identidad”.

Su obra se fortalece de las batallas libradas por los próceres venezolanos como Miranda y Bolívar, así lo demostró en el vitral de 245 metros que forman la cúpula del ministerio de la defensa en Caracas, en cuya presentación aparecen reflejadas cuatro batallas libertadoras: Carabobo, Boyacá, Pichincha y Ayacucho; con respecto a ésta obra el maestro Bracho indicó en una entrevista concedida a Dhamelys Díaz en el desaparecido programa “Lo de hoy es noticia”, que el vitral debía empezar a verse siguiendo el asta de la bandera como un indicador de la vuelta o espiral de composición.

“Los puertos y el petróleo”

Quizás su obra más importante, no sólo para los mirandinos, sino para el registro histórico de Venezuela, es el mural de más de cien metros llamado “los puertos y el petróleo”, ubicado en el patio de lo que fue su hogar natal y hoy en día Casa Museo Gabriel Bracho,  donde el artista cuenta la historia de los puertos de Altagracia junto a su propia historia, en el aparecen sus padres: Clorinda y Gabriel Ángel Bracho, el propio pintor en varias etapas de su niñez, la iglesia de Altagracia, los tanques petroleros, el ingles y el yanqui, las fiestas de San Benito, las consecuencias de la contaminación ambiental y humana que derivan del desarrollo industrial, entre muchos otros datos históricos.

El pintor Enrique Colina recuerda con alegría su último encuentro con Gabriel, dice, “fui a su último cumpleaños, vinieron personas de toda Venezuela sobre todo de Caracas, fue un hombre con mucha energía y disposición para hacer las cosas, siguió la escuela muralista mexicana y la adaptó a nuestro medio, era un hombre hermoso, de pelo ondulado y suave, cuando lo visité ya tenía el cáncer avanzado pero no se le notaba, seguía pintando, hizo en esos tiempos los murales de su casa en los puertos, decía que era para dejarle algo a su tierra”.

Pensamiento revolucionario    

         En una entrevista realizada para el diario “El Nacional” en 1967 por José Ratto Ciarlo, se le preguntó a Bracho: ¿creé usted que el arte para llegar al corazón del pueblo debe simplificarse o es que al pueblo debemos elevarlo?, y el maestro con tesón respondió, “lo que yo no creo es que al pueblo- y a éste pertenecemos casi todos los artistas-deba simplificársele. Si el arte es en sí una manifestación superior de la sociedad, una superestructura, no veo como pueda trasgredirse  esta condición intrínseca que lo hace valedero y lo hace cada vez más popular”.

La maestra Laura Cardozo de Añez directora de la Casa Museo “BAgriel Bracho”, quien fue su amiga, vecina y consuegra, habla de características más personales del pintor, cuenta que “era  un hombre enérgico, y fuerte, siempre contrarrestaba los problemas que había en el pueblo, se enfrentaba, era un hombre de una polémica extraordinaria contaba las anécdotas con mucha gracia, era un portuero de pura cepa, un hombre enérgico, tuvo grandes amigos”

También narra como Gabriel comenzaba a pintar a las tres de la mañana, porque su piel debido al cáncer que padecía no resistía el sol, bajándose a las diez de la mañana de los andamios, donde se subía para pintar el mural que llamó “los puertos y el petróleo”.  Siente que su mayor responsabilidad es el legado que el propio maestro le dejó, cuando antes de morir le recordaba todo el esfuerzo que tuvo que hacer para construir la Casa Museo, que no es más que el reflejo de todo el amor que siempre le guardó a su terruño natal, y le pidió que no se la vaya a dejar morir.

Hoy en día la maestra Cardozo mantiene las puertas abiertas del Museo Gabriel Bracho, en pleno corazón de los puertos de Altagracia, para que todo aquél que quiera recrear su espíritu artístico,  histórico o patrio, pase y se dé una vuelta por sus espacios.

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